“ An God saw the light, that it was good; and He divided the light from the darkness”

Génesis 1:4

El vitrum o vidrio se presenta bajo la forma de cristales transparentes y se encuentra en el seno de la tierra. Constituye un elemento simbólico que representa un intento de atrapar la luz.

Para algunos es un líquido en estado de suspensión, para otros es un elemento ubicado en un quinto estado de la materia; luego del sólido, líquido, gaseoso y plasmático, ya que por su cohesión externa es sólido, pero internamente sus moléculas se mueven. Cuántas veces nos pasó que ante un golpe en el parabrisa de nuestro auto, el mismo comienza a rajarse cada vez más. Si miramos a través de una luz violeta vemos su interior y observamos gran cantidad de micro rajaduras a la que denominamos stress y estás se encuentran en cualquier vidrio recién templado. Trabajar con este material acaso es una constante lucha contra ese stress.

Sus componentes son 99,70 sílice, luego bórax y cristal de roca, todos ellos elementos encontrados en la arena la cual expuesta a aproximadamente a 1750º Centígrados se transforma en vidrio. No obstante sus componentes básicos, fundentes son incorporados para estabilizar su composición.

La más lejana referencia que tenemos acerca de este material nos la da Plinio el Viejo, el cual evoca la leyenda sobre unos comerciantes fenicios que tratando de hacer fuego sobre una playa observan como debajo del trípode de su olla ven fluir un cristal escurridizo.

Existe gran cercanía entre la alquimia y el trabajo de los vidrieros en el medioevo. Los primeros fueron los que les facilitaron a los segundos las claves y técnicas necesarias para aclararlos, abrillantarlos y darles color.

Es así como el nacimiento del vitral siglo XII y XIII toma sus fuentes de la alquimia y de la mística de la luz. El uso del plomo tiene una connotación de religar las piezas y es usado religiosamente con el sentido de ensamblarse a la luz, es decir al Creador.

Vayan estas palabras de San Agustín: “Los ojos desean ver hermosas y variadas figuras, claros y luminosos colores. Que mi alma no sea poseída por estas cosas y sea poseída por Dios que las hizo (…) la misma luz reina (…) entra tan sutilmente y con tanta vehemencia que, si desaparece de repente, se busca con ansia (…) los que aprenden a alabarte por ella (…) la convierten en un himno a ti, sin ser por ello atrapados en sus sueños. Así quiero ser yo”

 

 

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