La desnudez femenina en la pintura

La historia de la rebelión del espíritu contra la materia o la conciliación de aquél con ésta.

La pintura sirvió primero para invocar las fuerzas naturales, para adorar o, también, para expresar. No conocemos quién fue el primer pintor que se inspiró para iniciar su obra ante un desnudo de mujer, pero sí podemos decir que la temática entra en la historia de la pintura en el momento en que el hombre tiene conciencia de querer hacer arte por el arte y no para fines religiosos o propiciatorios.

Unos 3000 años AC la pintura egipcia nos muestra desnudos estilizados, bajo cánones propios, no exentos de elegancia y arcaísmos llevados hasta la frialdad. Posteriormente, entre griegos y romanos el desnudo femenino conoce mejor suerte, siendo valorizado por contraste de luces y sombras. Con el cristianismo el arte en general se vuelve ascético, hasta podemos decir rudo. Ya en la edad media el arte románico  agrega la frialdad bizantina y relegan la mujer desnuda al mismo nivel que los bizantinos.

Pero en el siglo XV, un pintor llamado Sandro Botticelli con su obra Venus, retoma la desnudez como inspiración con visos de fuego y castidad. Con Botticelli, el primer pintor pagano-cristiano, entra en diálogo el espíritu del Renacimiento.

Mientras que en Flandes dominada por un espíritu protestante, el tema toma atención recién con Rubens  y lo muestra con color, claridad, substancia y sentido plástico exuberante. Contemporáneo de él el pintor español Velázquez concede atención ocasional al desnudo femenino y lo capta con ironía y demostración de vanidad.

Es con Goya e Ingrés que el realismo invade  la pintura afirmando la libertad individual del artista. En lo sucesivo, la mujer se plegará a todas las exigencias: será bañista, salvaje, cortesana, odalisca, burguesa, espiritual, melancólica o muñeca (Rousseau), geométrica, surrealista, intelectual, primitiva o constructivista.

Actualmente, los artistas hacen su propia interpretación de la mujer desnuda, pero con algo de Einstein o de Sastre. Por lo expresado, podríamos decir que el centro de interés de la pintura en el desnudo femenino puede ser considerado como la historia de la rebelión del espíritu humano contra la materia o la conciliación de aquél con ésta.

 

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